domingo, 6 de junio de 2010

El tiempo tiene la culpa de todo.

En el tiempo pasado desde la últia entrada:



He seguido trabajando y casi sin problemas.

He sido, por fín, consciente de que los problemas imaginarios, a veces, son reales. Y no se puede vivir sin afrontar determinados problemas reales. Todas las dudas del mundo, pensar que todo está en mi cabeza. Confiar en el autocontrol. Todo eso no importa en este caso.
A veces las cosas suceden sin poder evitarlo.

Ha habido un pequeño reencuentro con L. Había olvidado lo importante que había sido en mi vida.

He vuelto a reconocer la soledad. Siempre he tenido pocos amigos. Pero desde hace unos años es peor. No tengo a nadie propio con quien poder hablar sin tapujos, de la A a la Z. Sí que tengo amigos, sí que puedo quedar con alguien para hacer lo que sea cualquier tarde. Pero...





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Me hallo inmerso en El semestre fantástico de la humillación médica. Que nadie pregunte.


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Y he vuelto a tomar pastillas. Tofranil. "No inspira ninguna confianza con ese nombre de unguento de posguerra", pensé. Y no me equivocaba. Resulta que es un medicamento que tiene unos cincuenta años y en mí no sé exáctamente qué efecto debía tener, pero tras dos semanas de una fatiga muscular brutal, he decidido dejar de tomarlas y volver al médico. Ni siquiera he podido ir a trabajar este fin de semana, que doblaba.




Necesito abrirme. Pase lo que pase.

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