sábado, 26 de junio de 2010

Hace una semana era viernes.

En el hospital, por la mañana, me quitaron los puntos. Me hizo mucho daño y sangré, pero ya está. El resultado de la biopsia dice que no es nada maligno, pero que no saben qué es. Algo granuloso y gris, aparentemente. Yo soy bastante gris y granuloso. No me agarantizan que no se vuelva a reproducir.

Por la tarde volví a la consulta de mi psicólogo. Hace un año justo que me dio el alta. La conclusión a la que llegamos es: si tengo una vida de mierda, me siento como una mierda. Le conté mi pequeño affair con las pastillas de mi médico de cabecera. Resulta que esas pastillas, aparte de antiguas, son para obsesivos compulsivos, de ahí que me dejaran KO... Y ha vuelto a ponerme deberes. Tengo que escribir mi odio hacia mí y el mundo desde que nací hasta ahora mismo, durante 25 minutos al día o cuando me sienta mal (si puedo, porque no es nada fácil cambiar el chip de orco por el de analizar tus emociones y escribirlas), y también he de hacer una lista de cosas que podría hacer para empeorar mi situación. Dice que soy un experto en arreglarme la vida, porque en el fondo es casi lo mismo destrozar que arreglar. Dice que sé lo que hago mal, lo que me sobra y lo que necesito cambiar. No es así de fácil, pero lo entiendo.

Me dejó claro que no soy bipolar y le insistí en el tema de las pastillas. Tiene una psiquiatra de confianza a quien le envía a veces pacientes, cuando necesitan una ayuda extra. Pues yo quiero una ayuda con extra de pastillas, por favor.

Sinceramente, no creo que nada cambie mucho en el fondo. No tengo muchas esperanzas. Ni siquiera estoy dispuesto a ser 100% sincero.


Paralelamente, llevo tres o cuatro meses con la espalda fatal. Me quedo encorvado, como la vieja esa del delgado de Cruz y Raya. En el instituto ya tenía problemas en época de examenes. Unas cuantas vértebras desviadas y mucha tensión producen eso. La tensión de entrar en el quirófano ya se apoderó de mi espalda en Febrero, dos semanas antes. Mi osteópata necesitó dos sesiones para enderezarme del todo... Y desde finales de Mayo he vuelto a estar casi tan mal como antes. Ahora empiezo a mejorar, pero no puedo hacer casi nada en realidad. Y ahí está el problema que retroalimenta la ansiedad y mi contractura. Porque entre operaciones, contracturas y pastillas mal recetadas, he faltado tanto a trabajar que parece ser que quieren echarme. Y yo lo comprendo. Y esa tensión por querer ir a trabajar para no perder lo poco que hago y gano, hace que me quede clavado y no pueda. La semana pasada trabajé estando fatal y casi me muero. No sé qué voy a hacer mañana.




Después de salir de la consulta, hablé por teléfono con L. Me encantó volver a hablar con ella. Me contó que aunque haga dos años que está casada, su marido iba a mudarse ahora con ella a su piso de Madrid, ese mismo fin de semana, y que le daba un poco de miedo. También me contó que el pobre marido está fatal de la espalda, mucho peor que yo, y que después de dos operaciones no consiguen arreglarlo del todo.
Nos reímos mucho, me desahogué de ciertos temas, le pedi perdón por mis neuras apartagente y nos contamos lo mucho que nos gustaría volver a vernos, lo mucho que nos acordamos el uno del otro. L es muy guay, muy simpática y muy guapa. Y recuerdo que olía muy bien!



El accidente de Castelldefels. Yo casi siempre cruzo la vía cuando vuelvo de Barcelona, sobretodo para no encontrarme a nadie y no tener que hablar. Un día crucé despistado y nada más subir al andén noté como un euromed pasaba a toda velocidad detrás de mí. Menudo susto me llevé...



Y mi San Juan ha consistido en ver capítulos de The IT Crowd con G y G en su piso. Ojalá vuelva a salir Richmond en la cuarta.





No sé, espero, al menos, mejorar físicamente en las próximas semanas.

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