domingo, 27 de junio de 2010
Soy subnormal.
Hace una semana, cuando le conté que me dolía mucho la espalda, mi jefe ya me dijo que no cree que me renueven para la temporada que viene (como si fuéramos futbolistas). Ayer al llegar, me dio la mano. En los nueve meses que llevo trabajando ahí, nunca me había dado la mano antes, así que ya lo di por hecho. "Hoy al terminar, me echan". Pues no, nada más comenzar, delante de los clientes que iban y venían, me dijo que necesitaban alguien seguro en quien confiar y todas esas cosas, pero que tenía que hablar con la jefa suprema y que ya me diría algo. El hecho de sentirme ya fuera de ahí me hizo sentir bien por algún motivo y estuve de bastante buen humor toda la noche. Cuando ya habíamos recogido y nos íbamos a ir, llegó mi jefe y me dijo de muy malos modos y delante de todo el mundo si yo ya había terminado. Resulta que me había dejado la puerta de material abierta, con las llaves puestas y la luz encendida. En realidad no tiene ninguna importancia, porque las siguientes personas en entrar ahí son ellos mismos muchas horas antes de abrir las puertas, pero da igual. Les he dado la excusa definitiva. Soy subnormal y no hay futuro para mí. Sonreiré al viento mientras pueda.
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Yo estaba pensando decirle a mi jefe, la próxima vez que me eche la bronca -o sea, en cuanto entre en la oficina después de mi día libre- que mire el lado positivo de tenerme trabajando para ellos: a la empresa le harán descuento por haber contratado a una subnormal.
ResponderEliminarFíjate cómo he encontrado este blog, he escrito en Google "jefes que te hacen sentir subnormal"... Espero que tu vida laboral haya cambiado a mejor.
Un saludo.